Una exploración responsable

Los signos del iris no “hablan” sobre enfermedades, sólo destacan anormalidades y características del estado del enfermo.

Al tejido iridal le suceden fenómenos análogos a los de los órganos correspondientes a cada zona de su topografía.

En base a la experiencia, podremos reconocer:

· Los signos iridianos para cada patología de cada órgano.
· Por lo tanto, el diagnóstico de la enfermedad.

Debemos estar alertas a los siguientes axiomas:

· No siempre es más fuerte el signo iridal en la zona refleja correspondiente al órgano donde se siente el síntoma.
· Sino que, será más fuerte el signo en la zona donde se origina el problema.
· Por esto podremos afirmar que el estudio del iris nos conduce a la causa física de la enfermedad (primer punto de manifestación orgánica).

Por eso sugerimos demorar lo suficiente en dar nuestros diagnósticos patológicos
(concretos).

Al ir avanzando en el aprendizaje y la experiencia, podremos pasar por etapas, a la hora dar nuestro diagnóstico:

1. Observar sin diagnosticar iris de quienes ya sabemos el resultado (por análisis médicos, por ejemplo).

2. Diagnósticos de estado de los tejidos (es decir, tal como tenemos la información primaria de esta clase, sabiendo de antemano que no es un tipo de diagnóstico al cual el paciente estará acostumbrado).

3. Diagnósticos de relaciones entre los distintos signos dando ideas de las posibles patologías de los órganos indicados en el iris coincidentes con aquellas cuyos síntomas padece el paciente, sumados a las posibles causas desde otros órganos, dando explicaciones de por qué pueden estar relacionados.

4. Diagnósticos de patología parcial, es decir, solamente por lo que consulta el paciente. Este diagnóstico ya es de por sí lo suficientemente difícil como para que por buen tiempo no demos diagnósticos completos. Se trata de explicar toda la relación orgánica referida a la dolencia específica, en forma completa y definiendo la enfermedad.

5. Diagnóstico completo. Para hacerlo se requiere muchos años de experiencia, aun partiendo de conocer los síntomas del paciente. Consideremos que los mismos médicos pueden llegar a demorar un año o más para encontrar la definición de ciertas enfermedades, aun contando con máquinas de gran avance técnico y muchos años de estudio. Y esto siempre partiendo de la base de saber los síntomas del paciente. Ni hablemos pues del caso de que fuera el paciente al médico y le dijera:
―Dígame usted todo lo que tengo, describa usted todas mis dolencias. Sufro muchísimo pero no le daré ninguna “pista”.
Seguramente, y con razón, el doctor le daría pase a un psiquiatra o una beca para pasar dos o tres años en el sanatorio internado haciéndose análisis de todo tipo y pasando por los diecisiete especialistas.

Por tanto, por respeto a sí mismos, les sugiero no hacer  de “adivinos” por allí. Porque puede que no falte en su camino algún individuo que con una sonrisita bien escéptica les ofrezca una “apuesta” como en el mencionado ejemplo: “A ver si es
cierto que usted ‘lo ve todo‘”. “No, qué esperanza, tenemos una técnica para ayudarlo –pueden responderle–, pero no ‘adivinamos‘.”

6. Además, hay responsabilidad en todo diagnóstico y no debemos prestarnos a esos “juegos”. Que cada quien experimente en su pellejo. Pero nosotros con nuestra responsabilidad: sagrada. Las palabras son pesadas “al final del camino”. Así que
digan: “Bien, señor, diga usted qué necesita consultar”.

7. Entonces sí, a estudiar; al tiempo nos será sencillo. También consideremos que muchos no van a creer o no del todo. Y esto porque: si está tan difícil para el médico, ¿cómo es que para usted es tan fácil? Total, el público en general es difícil de conformar. Si no le decimos “todo” es porque no nos animamos. Si le decimos
“poco” pero con gran convicción, ¿cómo sabe? Así que ahí lo tenemos para ver cómo vamos a hacer. Les hablo desde unos años de experiencia. No somos los únicos. Pueden comentar el caso con otros iriólogos. Conocí uno que decidió callar absolutamente. Ni palabra, cansado ya de tantas dudas y más dudas. Dijo un día: “El que quiera creer, que crea y tome los medicamentos naturales que le doy, y si se siente bien, que siga adelante, y si no, que vaya a otro lugar”. Y bien que le fue y no se hizo “mala sangre”. Otros también lo hicieron parecido, no tan extremo, pero “pocas palabras” y no mucha explicación. Sin embargo, debo decir que no concuerdo con esa idea. Si queremos ayudar en medicina, el paciente tiene que entender, es menester explicar. No hace falta complicarnos con extensas explicaciones intelectuales. Pero el diagnóstico, a la corta o a la “larga”, hay que
decirlo.

Por eso decimos que tenemos que estudiar mucho primero:
· Anatomía del cuerpo humano.
· Fisiología o interrelación normal entre los órganos y los sistemas del cuerpo.
· Sintomatología indicativa de enfermedades en los órganos o sistemas.
· Patología o desorden fisiológico o anatómico-constitutivo.
· Topografía exacta de los órganos y sistemas en el iris.
· Signatura iriológica de cada enfermedad en el iris.
· Formas de expresión convencional de diagnóstico de las diversas enfermedades.
· Formas de análisis convencionales de la salud humana, y algo sobre interpretación.
· Relación físico-psíquica, aplicación de los conocimientos de causística a partir de la clínica o diálogo para determinar causas psicológicas de las enfermedades y las posibilidades de recuperación a partir de ese conocimiento.
· Estudio en detalle de las perturbaciones del sistema nervioso a través del estudio pupilar.
· Amplia experiencia en una ética superior, basada en la conciencia, acerca de cómo expresar el diagnóstico según el caso, según nos corresponde y frente a quién.

Con lo expuesto pretendemos afirmar enfáticamente que no es un “juego” lo de dar diagnósticos, como tampoco lo de dar remedios. De todas estas formas de diagnósticos, de todos estos necesarios conocimientos, es que trata el presente curso. Les servirá de apoyo, de punto de partida. Pero cada quien hará su experiencia. Alguien me decía el otro día que no sirven de mucho las advertencias, pues hay que “vivir las cosas”.

En todo caso, puede que sea así, pero no viene al caso ni a este momento “filosofar” al respecto. Pero, como en el caso de los diagnósticos, entiendo que es mi deber darlas, luego cada quien las toma o las deja. No importa si la “toman con pinzas”, “las atan a su corazón” o las “sepultan en el olvido”. Pero sí importa que si os invito a aprender iriología, sea “en buena ley”. Y no me refiero a nuestras leyes muy humanas, sino a la ley que todo lo dirige.

Lo que sí es cierto referente a la necesidad de experiencia personal es en la interpretación de los signos iridales. Al principio podremos ceñirnos a los ejemplos que escriben algunos autores en sus libros. O a los que daré de mi propia experiencia en el transcurso de este módulo. Pero al poco, no encontramos.

Ya que es tan diversa la patología, si consideramos cada enfermedad como manifiesta en cada individuo en forma diferente según sus causas individuales, no alcanzaría una colección de biblioteca en nuestra memoria para exponer ni para recordar todas las combinaciones posibles de signos iridales.

Por eso insisto en el asunto de las etapas. Al principio la lectura del iris de nuestros primeros casos, basados en los textos y en los ejemplos de interpretación del curso. Pues no pretenderemos reconocer “el lenguaje del iris” de la noche a la mañana. Pero poco a poco iremos reconociendo ese lenguaje y se hará nuestro. He ahí la experiencia. Pero con conciencia y muchísima concentración.

(Consejo extraído de la web: http://www.diagnosticodelasalud.com)

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